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Hasta el día 2 de septiembre la Fundación Mapfre expone en sus salas Recoletos de Madrid una gran retrospectiva dedicada a uno de los maestros de la fotografía del siglo xx y que lleva por título simplemente su nombre Brassaï.

Esta muestra es importante por múltiples razones. Concentra una importante cantidad de imágenes, más de 200 piezas distribuidas en 12 secciones y además puede presumir de ser la primera retrospectiva sobre este maestro después de la que le dedicará en el año 2000 el centro Georges Pompidou.

No es pequeño el galardón de poder atribuirse el mérito de haber creado y proyectado al mundo la imagen de una ciudad tan emblemática como país allá por los años 30. La persona que lleva tal condecoración no es otra que Brassaï, el seudónimo con el que  Gyula Halász (1899 – 1984) firmó y dio a conocer al mundo sus icónicas imágenes de la noche en la capital del Sena.

Brassaï realizó ese proceso paradójicamente canónico que en aquella época seguían los artistas que en trataban de romper las reglas e imaginar el futuro. Dejó su país, Hungría, se instaló en parís, malvivió durante un tiempo pero simultáneamente en consiguió conocer y relacionarse con algunos de los artistas y literatos que con el tiempo demostrarían ser los nombres clave de aquella época de vanguardias.

Artistas como Dalí, Picasso, Matisse, Giacometti y escritores como Henry Miller, León Paul Fargue, Jean Genet o Henri Michaux fueron entre otros sus amigos y también los sujetos de sus fotografías.

Con todo, sería el parís canalla y apache, la ciudad iluminada por las sombras de la noche y sus lugares de mal vivir la verdadera cantera de la que Brassaï extraería el sólido material con el que cimentó e hizo crecer su fama.

La exposición de la fundación Mapfre nos sumerge desde las primeras salas en un mundo de, jugadores, marineros, hombres disfrutando de la compañía mercenaria y también personas que trabajan en la noche, no sólo las prostitutas, también el quiosquero, el farolero, la modista a la luz de un quinqué, los matarifes, los gendarmes o los truhanes.

La evolución de Brassaï

La ciudad de París se convirtió en el tema principal de su trabajo: su día a día, y especialmente su apariencia y su vitalidad nocturnas. Su extraordinario tratamiento de la luz y la sutilidad de los detalles capturados en sus imágenes le hicieron célebre; con estas herramientas, Brassaï logró instantáneas que se convertirían en iconos culturales, símbolos de una época y testimonios de su irresistible fascinación por la capital francesa.

Su obra alcanzó enseguida un incuestionable reconocimiento en los círculos de la fotografía artística, aunque también en la industria turística y los circuitos fotográficos comerciales.

El 12 de junio de 1940, dos días antes de que el ejército alemán entrara en París, Brassaï abandonó la ciudad. Pero regresó en octubre y permaneció allí durante el resto de la ocupación. El hecho de negarse a colaborar con los alemanes, le impidió fotografiar abiertamente, así que el encargo de Picasso de fotografiar sus esculturas se convirtió en su única fuente de ingresos. Además, y tras un paréntesis que había durado veinte años, Brassaï volvió a dibujar y a esculpir, y empezó a explorar su notable talento como escritor.

A partir de 1945, gracias a los numerosos encargos de la revista norteamericana Harper’s Bazaar, volvió a dedicar parte de su tiempo a la fotografía y empezó a viajar regularmente, Edimburgo, España, Marruecos, Italia, Grecia, Turquía, son algunos de los lugares que visitó durante estos años.

A principios de la década de 1950 Brassaï ya era un fotógrafo plenamente reconocido. En 1955, el Art Institute of Chicago acogió la primera de sus exposiciones individuales en un museo estadounidense, que después itineraría por otras ciudades norteamericanas. Un año después, el MOMA de Nueva York inauguró Language of the Wall. Parisian Graffiti Photographed by Brassaï.

Su trabajo fue reconocido como  una de las piedras angulares de la nueva corriente fotográfica, surgida entre las dos guerras mundiales. Descubriendo el potencial de las escenas cotidianas y recuperando la concepción de la fotografía como medio creativo, generador de imágenes de una fuerte evocación poética y visual que trascendía su carácter meramente documental.

Alejados de la emulación de las artes tradicionales propias de la fotografía de principios de siglo, estos artistas pusieron de relieve el potencial artístico de la disciplina. Cuando esta tradición empezó a ser celebrada en los años setenta, el trabajo de Brassaï fue reconocido como uno de sus grandes referentes, convirtiéndose en figura fundamental de la historia de la fotografía del siglo XX.

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