Judith Joy Ross, una gran retratista americana, por primera vez en España

Aunque es conocida internacionalmente por exposiciones y libros, la obra de la fotógrafa estadounidense Judith Joy Ross (Pensilvania, 1946) ha ocupado contadas muestras en Europa y ninguna en España hasta ahora cuando la Fundación Mapfre ha producido y ofrece al público una extensa retrospectiva con fotografías que cubren su obra a lo largo de más de cuarenta años de actividad. La exposición puede ser visitada en su sede de Madrid hasta el 9 de enero de 2022.

Las doscientas imágenes de la exposición son un torrente de retratos en un suave blanco y negro (sólo se muestran tres imágenes en color) que tienen como común denominador un conseguido afán por plasmar a personas normales con aspecto normal sin una aproximación o iluminación que sirva para estilizarlos o idealizarlos. En palabras de la autora, No esperes ver a ninguna Barbie ni ningún Kent, just ordinary people

Diez años buscando su camino

Desde que Judith Joy Ross cogió en sus manos una cámara hasta que encontró su camino expresivo en la fotografía pasaron diez años. Tras ese tiempo consiguió Mirar más allá de la apariencia del tema y descubrir su significado, que era precisamente el reto que les planteaba a sus alumnos de fotografía durante aquellos años dedicados a la docencia.

Ese camino consistió en huir de las fotografías robadas y conectar personalmente con el sujeto. “Cuando voy por la calle o estoy en el supermercado la gente que tengo delante me molesta, soy impaciente, mueve el culo más rápido, pienso… pero cuando estoy en la calle con mi cámara entro en el modo de observación, me vuelvo paciente, espero lo que haga falta y trato de ver a las personas con profundidad y establecer una relación efímera pero profunda con cada uno de ellos».

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Judith Joy Ross Celia, 1980 © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

La relación con el sujeto

Los sujetos de las imágenes de Ross miran directamente a cámara, hay una relación visual con el fotógrafo. Judith Joy Ross explica que el hecho de usar una cámara de gran formato facilita el acercamiento. 

Con una cámara de madera y metal del tamaño de una caja de naranjas montada en un robusto trípode, Ross no pasa, no puede pasar, desapercibida pero “al final a las personas les produce curiosidad, se acercan y entablan una relación efímera conmigo. Tiene que ser así porque las fotografías las hacemos entre ellos y yo. Con una cámara en la que te escondes tras un trapo negro, y ves al sujeto boca abajo e invertido tiene que ser así ya que el momento hasta que llega el disparo es todo un proceso en el que el sujeto y yo colaboramos».

Como se puede apreciar en la muestra, Judith Ross ha desarrollado en muchas ocasiones series cuyo marco geográfico era el cercano de su vida familiar, pero también ha ampliado ese círculo con otros lugares de Estados Unidos o incluso Europa, con su serie de emigrantes en París. El recorrido expositivo permite apreciar la riqueza de su trabajo a través de nueve secciones que muestran un amplio panorama cronológico de los principales proyectos de la artista. También incluye un número considerable de imágenes hasta ahora desconocidas y realizadas sin ningún proyecto concreto en mente. Todas las obras proceden de la colección de la artista que las ha prestado de forma altruista para esta antológica.

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Soldado de primera clase Maria I. Leon, Bethlehem, Pensilvania, 1990 Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

La importancia de la técnica

Con copias pequeñas en un blanco y negro poco contrastado, una gran parte de la impronta visual de la obra de Judth Joy Ross deriva del elemento técnico, no se entendería sin él. 

Desde sus comienzos, Ross ha trabajado con formatos grandes y tras un breve inicio con una Yashica reflex de doble objetivo (TLR), empezó a captar sus imágenes con cámaras de placas hasta llegar al formato 8 x 10 pulgadas (20 x 25 cm) que es el empleado en la mayoría de sus fotografías.

Pero la toma es sólo el principio. Con negativos tan inmensos, uno podría esperar copias de grandes dimensiones, pero la exposición nos muestra justamente lo contrario porque a lo largo de toda su carrera Judith Joy Ross ha positivado sus fotografías por contacto sobre papel de impresión directa virado, la mayor parte de las veces, al oro. El resultado es una gran colección de fotografías de 20×25 cm que invitan y obligan al visitante a acercarse para apreciar todo el detalle y leer los ojos de sus sujetos.

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Adam Rutski, profesor de español, Hazleton High School, 1992 © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

Una fotógrafa iconoclasta

Para la inauguración de su exposición, Judith Joy Ross ha estado en Madrid. Menuda, directa, natural e iconoclasta en su forma de expresarse, esta fotógrafa de 75 años habla de su obra con humor y con un planteamiento cercano y desmitificador. Quizás sea ahora por su edad o quizás siempre haya sido así, pero lo cierto es que su ironía y la provocativa forma de expresarse trufada de palabras gruesas suscitan simpatía.

No le importa decir que prefiere escuchar canciones que leer y no tiene pelos en la lengua para afirmar que los congresistas, a quienes dedicó una serie, eran unos capullos y alguno, no citemos nombre, especialmente prepotente, o para afirmar que su obra se vende poco, «sólo a los compradores adecuados», porque ella hace retratos de gente normal y «quién quiere tener la cara de un desconocido colgada en su salón».

Sin la proyección internacional de otros grandes retratista norteamericanos, esta retrospectiva producida y organizada por la Fundación Mapfre, nos permite entrar en contacto directo con la obra de una gran retratista que pretendiéndolo o no, no sólo ha capturado la esencia de centenares de personas sino que además, el conjunto de su obra esboza un boceto de las clases medias y trabajadoras de una parte de Estados Unidos en el último cuarto del siglo XX y principios del XXI.

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Mike, Bethlehem, Pensilvania, 1990 Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

Judith Joy Ross, biografía

Judith Joy Ross nace en 1946 en Hazleton, una pequeña ciudad minera de Pensilvania. En 1964 se matricula en la Moore College of Art & Design de Filadelfia y en 1970 se gradúa con un máster en fotografía en el Institute of Design de Chicago e imparte clases en Nueva Jersey y en la Moravian College de Bethlehem, Pensilvania. 

En 1981 fallece su padre. Empieza a utilizar una cámara de 8 ×10 pulgadas, y en el verano del año siguiente fotografía en Eurana Park, en Weatherly (Pensilvania). En 1984 conoce a John Szarkowski, director del departamento de Fotografía de The Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, que pronto adquirirá obra de la artista para las colecciones del museo. 

Un año después obtiene una beca Guggenheim y una selección de sus retratos en el Monumento a los Veteranos de Vietnam se incluye en la exposición New Photography del MoMA. En 1992 recibe el premio Charles Pratt Memorial, que le permite iniciar un proyecto sobre las escuelas públicas donde ella estudió en Hazleton. 

En 1993 sus fotografías se presentan en una exposición individual en el San Francisco Museum of Modern Art y son incluidas en exposiciones colectivas fuera de Estados Unidos, en la National Gallery of Canada de Ottawa y en el noruego Lillehammer Art Museum. 

En 2006 la Yale University Art Gallery publica Portraits of the Hazleton Public Schools, primera edición de una serie completa de fotografías de Ross. Se centra en manifestaciones y protestas en las calles contrarias a la guerra.Durante los años siguientes su obra se expone de forma individual en el Sprengel Museum Hannover, el Josef Albers Museum Quadrat de Bottrop (Alemania) y en la Pace/MacGill Gallery de Nueva York. Se celebra su primera retrospectiva en 2011 en el Die Photographische Sammlung/SK Stiftung Kultur de Colonia. En 2017 recibe el premio Lucie por sus logros en el campo del retrato.

Judith Joy Ross
Judith Joy Ross Perséfone, 2015 © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

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