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La fiesta de la fotografía que es PhotoEspaña cada año, está en pleno apogeo y la inauguración de la retrospectiva que la Fundación Mapfre dedica a Berenice Abbott es una de las actuaciones estrella de este gran concierto coral con más de 85 autores en todo Madrid.

Berenice Abbott. Retratos de la Modernidad, llega a Madrid después de haber estado abierta al público en Barcelona hasta el pasado mes de mayo. Aquí estará hasta 25 de agosto y propone un recorrido completo que reúne 200 imágenes de distinta procedencia y agrupadas en tres secciones temáticas que en conjunto definen la trayectoria profesional de esta fotógrafa que prefería encuadrarse a sí misma en el género documental que en el artístico.

Artista o no, lo cierto es que Berenice Abbott (1898-1991) dio el paso para convertirse en fotógrafa allá por los años veinte y lo hizo primero en Nueva York luego en París, en un ambiente dominado por las vanguardias artísticas en el que ella en penetró, primero como modelo de artistas luego como fotógrafa, y dentro del que conoció a nombres notables como Man Ray, Cocteau, Duchamp, Joyce, Peggy Guggenheim… que acabarían siendo sus colegas y también los personajes que protagonizaron sus muchos retratos con los que se forma el primer ámbito de la exposición.

Berenice Abbott, trayectoria

Berenice Abbott (Springfield, Ohio, 1898-Monson, Maine, 1991) comienza sus estudios universitarios con la intención de convertirse en periodista. En 1918, se traslada a Nueva York y se instala en el Greenwich Village, estimulante centro de encuentro de artistas e intelectuales que le facilita su primer contacto con creadores como Marcel Duchamp. En este momento  se inicia en la práctica de la escultura.

Tres años después viaja a Europa y se instala en París, donde empieza a trabajar como ayudante en el estudio de Man Ray y descubre su verdadera vocación: la fotografía. Hacia mediados de la década de 1920, Abbott conoce a Eugène Atget y queda impresionada por su obra; las cualidades que es capaz de percibir en ella le inspiran desde el principio un profundo respeto por el fotógrafo francés y le proporcionan, además, un importante referente en el que volcar sus aspiraciones como fotógrafa. Tras la muerte del fotógrafo, Abbott compra todo su archivo personal.

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Su obra es objeto de una exposición retrospectiva en 1970 en The Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York y en 1983 se convierte en la primera fotógrafa admitida en la American Academy of Arts and Letters. En 1988 el gobierno francés la nombra Officier des Arts et des Lettres y también recibe el premio Master of Photographyconcedido por el International Center of Photography de Nueva York.

Su obra

La idea de modernidad invade todo el trabajo de Abbott, desde sus retratos de los artistas e intelectuales más vanguardistas del momento hasta sus fotografías con temática científica (en las que plasma los resultados de diversos fenómenos y experimentos) pasando por sus asombrosas vistas de la ciudad de Nueva York. Se trata de una idea que es a su vez reflejo de la modernidad de la propia artista, con su carácter vanguardista y audaz, que le permitió vivir su sexualidad libremente junto a su pareja, la crítico de arte Elizabeth McCausland, con quien conviviría durante treinta años.

La exposición

La exposición, estructurada en tres secciones temáticas, recorre su carrera a través de casi doscientas fotografías de época. Además, se exponen en diálogo con sus obras once fotografías de Eugène Atget positivadas por la propia Abbott a finales de la década de los 1950.

Comienza el recorrido con la sección Retratos, en la que se integran las imágenes de los personajes más rompedores de la época.Principalmente, retrata el proyecto de vida de un grupo del que ella forma parte: el de las “nuevas mujeres”, dispuestas a vivir al margen de las convenciones para salvaguardar su libertad. En ejemplo de estos retratos es la imagen de Janet Flanner en París.

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En Ciudades, segundo grupo de fotografías, está reunido el deslumbrante retrato que Abbott hace de Nueva York durante la década de 1930. Ante su objetivo, Nueva York se convierte en un ser vivo, en un extraordinario personaje que se descubre ante sus visitantes con sus impactantes rascacielos, el bullicio y sus escaparates. Desarrolla este proyecto de forma independiente hasta que, en 1935, logra financiarlo con la ayuda del programa Federal Art Project. Estas imágenes son publicadas en 1939 con el título Changing New York, logrando un gran éxito de crítica y ventas.

La última parte de la exposición concentra sus fotografías de experimentos y fenómenos científicos. Abbott comienza a trabajar en ellas a finales de los años 1950 cuando forma parte del Physical Science Study Committee del Massachusetts Institute of Technology. Estas fotografías demuestran, una vez más, la dualidad que recorre la obra de Abbott: imágenes que documentan fenómenos físicos pero a la vez muestran la exquisita imaginación y creatividad de la fotógrafa.

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