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Aunque Sarah Moon es una fotógrafa con nombre, aura e historia, nunca había tenido en España una exposición individual, una carencia que queda subsanada a partir de mañana con la inauguración de la muestra Now and them en el Museo Patio Herreriano de Valladolid donde estará abierta al público hasta el día 5 de noviembre.

Allá por los años 70 una modelo llamada Sarah Moon dejó las pasarelas y se puso detrás de las cámaras, una decisión que fue ampliamente comentada y difundida por los medios por la novedad que suponía. Poco tiempo después, la decisión se vio respaldada de la mejor manera posible: encargos de  Cacharel, Chanel, Dior, Comme des Garçons, Vogue… e incluso se convirtió en la primera mujer a la que le fue encargada la realización del mítico calendario Pirelli en 1972.

La obra de Sarah Moon, es una mezcla de intuición, de rigor y de obstinación. Un espíritu que vagabundea, una imaginación sin freno ni reposo. Pero no un rechazo sino una incapacidad total para el acomodo. Un talento que se le reconoce en todo el mundo. Ya sea imagen fija o en movimiento, dedica la misma atención al encuadre y a la luz, a la secuencia y a la música, la misma que presta a la ternura de las cosas.

En sus fotografías hay siempre una delicadeza que le es propia. No se apreciará afectación ni indulgencia en la mirada que fija en las mujeres.  Y siempre se sentirá cautivada con la aparición de un pájaro, desde el fondo de los mares hasta el fin de los tiempos, que viene para mirar su ojo azul y mostrarle sus plumas.

Se suele decir que el trabajo fotográfico de Sarah Moon es un «enigma que se interpreta desde la tristeza», una frase con un leve deje romántico que aún así, no engloba la rara belleza de un estilo fotográfico construido a través de la insinuación. Lleno de simbolismos y alegorías sutiles, las fotografías de Sarah Moon resumen un tipo de percepción de lo femenino que va más allá de la simple belleza y lo transforma en un vehículo poderoso para analizar cierta alegoría estética. Para la fotógrafa, lo bello y lo sutil elaboran un mensaje mucho más poderoso —y complejo— que la simple capacidad sensorial para cautivar.

Tal vez se deba a que Sarah Moon estuvo frente a la cámara mucho antes que detrás del visor. Fue retratada por Helmut Newton, Irving Penn o Guy Bourdin, lo que le permitió conocer de primera mano las frágiles e intangibles relaciones entre la fotografía y la capacidad de la imagen para expresar elaboradas ideas estéticas. Pero además, comprendió que la fotografía es una recombinación de símbolos en busca de una mirada única sobre nuestras obsesiones. Y la de Sarah Moon es sin duda lo que consideramos hermoso, ese velado misterio sobre nuestros cánones y estereotipos estéticos sobre los que reflexiona desde cierta abstracción vaporosa.

Es difícil resumir la fotografía fantástica de Sarah Moon: mas de cuarenta años de hacer imágenes han hecho de Sarah Moon una leyenda en su propia vida. Bien conocida por su trabajo comercial muy personalizado desde principios de los años 70, Sarah ha seguido investigando un mundo de su propia invención sin repetición y también sin compromiso. Mirar las extraordinarias fotografías de Sarah Moon es comparable a mirar a través de un espejo de dos vías. La superficie del espejo se convierte en la impresión y el espectador tiene el privilegio de estar parado en el “otro lado” mirando a través de la imagen al mismo tiempo. Los seres vivos se vuelven tan “quietos” y, a la inversa, los objetos inanimados, como las muñecas, se vuelven humanos y expresivos con su propio carácter inimitable, que en última instancia se reflejan mutuamente. Hay una atmósfera y una intensidad que es constantemente aparente que distingue su trabajo. Es también la gama de materia, lo banal, lo accesorio, y el secreto que Sarah Moon nos permite ver en una luz nueva y extraordinaria. La tendencia actual en la fotografía es hacia un método cada vez más intervencionista. Moon tiene poco placer en este tipo de creación, pero está involucrado en una búsqueda personal. El mundo de los sueños es la quintaesencia de su trabajo; Sus imágenes nos llevan a un mundo embrujado. Cuando los hombres aparecen, sus cuadros se mueven hacia un surrealismo más perturbador y se infiere un peligroso misterio. Son fotografías en las que lo raro y lo inusual enfrentan la realidad ordinaria.

 

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