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La sala Artegunea de San Sebastián ofrece hasta el 2 de junio la muestra A Whiter Shade of Pale. Retratos en la fotografía holandesa contemporánea,una exposición con 92 imágenes de tres fotógrafas contemporáneas, cuyo trabajo se conecta a través de la tradición artística del Barroco holandés : Hellen van Meene, Carla van de Putelaar y Sanne De Wilde. Tres formas de entender el retrato y, al mismo tiempo, la revisión de la práctica fotográfica en los años de la posmodernidad.

En opinión del comisario de la muestra, Ramón Esparza, el trabajo de estas artistas no se reduce a lo puramente visual, a la forma, sino que va más allá y plantea, de una forma extremadamente estética, cuestiones como el concepto de belleza, de la individualidad, de la diferencia, o la función de las imágenes en la actualidad.

La exposición viene acompañada por diversas actividades como un visitas guiadas, talleres y conferencias cuya programación puede verse en este enloace: Fundación Kutxa

Luz, Barroco y adolescencia

Entre las características que nos remiten a la herencia barroca holandesa, destaca el uso de la luz, de la llamada «luz del Norte» trasladada de los cuadros de la época clásica al ámbito de la fotografía. En la obra de Carla van de Puttelaar encontramos los tonos pálidos y las luces frías de los cuadros flamencos, y, en las poses, las formas sinuosas de la pintura barroca. Pero además de los elementos estilísticos, nos lleva al concepto de belleza en el Barroco, en el que subyace la idea de la vanitas, «la asunción de que se trata de algo temporal y pasajero a lo que sucederá el declive y la muerte de la carne», presente en el cuerpo femenino y en las flores. Pero mientras las flores se presentan en su perfección natural, van de Puttelaar explora la imperfección de sus modelos: pequeñas alteraciones cutáneas, como granos o verrugas son registradas de forma «natural» por la cámara, la marca dejada en la piel por los elásticos de la ropa interior.

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Carla van de Puttelaar

Hellen van Meene, por su parte, utiliza la luz natural, mortecina, a menudo en interiores, de una forma que recuerda mucho la pintura barroca, pero en cuanto al tema se basa más en la sistematización del método científico, tal como comenzó a plantearse en los Países Bajos en la misma época. Durante veinte años, ha centrado su carrera en el retrato de adolescentes, preferentemente niñas, en ese momento tan trascendental de la vida de una persona en el que se ha abandonado la niñez, pero todo está aún por decidir. Las poses están cuidadosamente estudiadas y las miradas nos acercan a la parte psicológica de la adolescencia: temores, dudas, despertar de la sexualidad y auto-reconocimiento en un cuerpo en cambio.

Últimamente, van Meene ha comenzado a introducir mascotas en sus fotografías, acompañando a sus dueñas y luego como protagonistas de la imagen, pero en realidad se trata de un ejercicio de antropomorfismo, con el que pretende hacernos buscar esas sensaciones que hemos visto en sus jóvenes, aunque esta vez en sus animales de compañía.

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Hellen van Meene

La autora más joven de este trío, Sanne De Wilde, es también la que plantea un estilo más diferenciado, pero que no puede separarse de la tradición fotográfica forjada desde los años noventa. Snow White es una serie sobre el albinismo y los problemas que sufren quienes tienen esa enfermedad. El hecho de que sean albinos, de hecho, nos lleva a hablar de la diferencia y del rechazo social que genera. El albino es «el otro».

En el fondo, afirma De Wilde, los albinos son una metáfora. Son la magnificación de nuestros miedos y nuestra inseguridad, pero también de nuestra fuerza. «Trato de crear una impresión poderosa de esa fragilidad».

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Sanne De Wilde

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