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Tal como nos tiene acostumbrados a lo largo de los últimos años, la sala de exposiciones de la Fundación ICO ofrece coincidiendo con PhotoEspaña y hasta el 10 de septiembre una exposición fotográfica relacionada con la arquitectura. En esta coasión el título de la muestra es Gabriele Basilico. Entropía y espacio urbano, y se trata de la primera gran retrospectiva en España de este autor conocido como “El fotógrafo de la ciudad“.

Entropía y espacio urbano explora la evolución estilística y conceptual de Basilico a lo largo de su carrera, desde la mirada romántica de sus inicios a la que busca encontrar un orden visual en el aparente caos de las metrópolis posmodernas. El título hace referencia a esa evolución conceptual de Basilico a lo largo de su carrera e intenta mostrar el cambio operado en ella.

La retrospectiva es muy rica en fondos ya que muestra 185 fotografías, una selección de los más de 70 libros publicados por Basilico a lo largo de toda su carrera y cuatro vídeos sobre diversos aspectos de su trabajo para realizar un repaso general a toda su carrera fotográfica. La muestra parte de su primera serie centrada en el paisaje y la arquitectura, Milano, ritratti di fabbriche [Milán, retratos de fábricas], para concluir con las imágenes de algunas de las metrópolis contemporáneas, como Río de Janeiro o Shanghái.

La exposición divide la obra del autor en cinco series. Comienza con la primera serie dedicada por Gabriele Basilico a la arquitectura, Milano, ritratti di fabbriche (1979), para la cual fotografió todos los edificios industriales de Milán. Tras ésta vino la invitación a participar en la Mission DATAR, en Francia, para la que captó la imagen de la costa de Normandía (Porti di mare). Su fama comenzó a extenderse y llegaron los encargos de toda Europa. En España participó en proyectos fotográficos en Madrid, Bilbao, Valencia, Barcelona, Lérida y Santiago. Siempre en ciudades que sufrían severos procesos de transformación económica y urbana. La idea de la pérdida, el sentimiento romántico de la ruina, es el eje de todos ellos, al tiempo que la búsqueda de criterios estéticos que permitan asumir esas transformaciones. Hay uno, sin embargo, que marca profundamente su visión y sienta las bases para el final de esta etapa, aunque ese fin llegara años más tarde. En 1991 es invitado, junto a otros fotógrafos, a visitar Beirut para documentar el centro de la ciudad tras veinte años de guerra. El resto del grupo lo formaban grandes nombres como Robert Frank, Josef Koudelka, Raymond Depardon, René Burri y el libanés Fouad Elkoury.

La clave para la “desromantización” de su fotografía vino con el proyecto que, junto al arquitecto Stefano Boeri, presentó en 1997 en la Bienal de Arquitectura de Venecia. En Sezioni del paesaggio italiano, Boeri planteó una forma muy distinta de aproximación al territorio, más cercana a lo topográfico que a lo emocional. Seis franjas de cincuenta por doce kilómetros surcadas por una gran vía de comunicación, fueron el escenario fotografiado por Basilico: espacios sin memoria, sin identidad. La verdadera esencia de lo periurbano. A partir de este proyecto, la mirada de Basilico cambia radicalmente. Sustituye la visión del viajero romántico por la del viajero moderno que se desplaza en automóvil y su búsqueda estética se centra en la articulación de una nueva mirada, desprovista ya de toda carga romántica, que se centra en la aceptación de los espacios urbanos y periurbanos y la formulación de un orden visual que sea capaz de posibilitar su apreciación, tanto en lo sociológico como en lo estético. Una búsqueda que le lleva a centrarse en la ciudad, marcándose siempre itinerarios centro-periferia, o en las afueras, y evolucionando, poco a poco, hacia la figura de la metrópoli y la ciudad interrumpida.

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