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Café Lehmitz, del sueco Anders Petersen, es una de las apuestas de Centro Centro dentro del programa La exaltación del ser, comisariado por Alberto García-Alix, en PhotoEspaña 2017, una “carta blanca” con la que el Festival ha querido invitar al fotógrafo español a celebrar su vigésima edición.

Anders Petersen es uno de esos fotógrafos que como les pasa a algunos cantantes, pueden tener una larga carrera pero se les recuerda siempre por un título que se hizo archiconocido. Es su caso con Café Lehmitz, que se ha convertido desde su realización en los años 70, en una obra clave en la historia de la fotografía urbana europea. En 1967 descubrió en el barrio rojo de Hamburgo un bar llamado Café Lehmitz, punto de encuentro para prostitutas, travestis, proxenetas, delincuentes e indigentes que se congregaban en este espacio donde la barra nunca cerraba y en el que estaba permitido permanecer aunque no se pidiera ninguna consumición. Un lugar de encuentro de personajes singulares que poco a poco fueron adquiriendo nombre junto al del fotógrafo.

En esta exposición que se ofrece ahora en Centro Centro, el fotógrafo nos ha permitido acercarnos a la totalidad del trabajo sobre Café Lehmitz: los contactos, las historias, las relaciones. Hemos podido entender así la dimensión de su aventura: la experiencia única de un fotógrafo que descubre un universo extraordinario. Con esta exposición nos brinda la oportunidad de vivir desde dentro una noche en el Café Lehmitz acompañado por sus amigos, las situaciones y las emociones que les envuelven, ampliando así la visión del libro que apareció en 1978 y que desde entonces se ha convertido en un icono fotográfico.

Con 18 años, Anders Petersen (Estocolmo, 1944) viajó a Alemania y casi por casualidad descubrió este café del barrio rojo de Hamburgo quedando atrapado por el ambiente del lugar y las historias de sus habitantes. “En el cielo no hay cerveza, por eso la tomamos aquí”, con este cartel recibía a sus clientes el Café Lehmitz. Punto de encuentro y reunión del hampa de la ciudad alemana, prostitutas, travestis, proxenetas, delincuentes e indigentes se congregaban en este espacio en el que la barra nunca cerraba y en el que estaba permitido permanecer aunque no se pidiera ninguna consumición.

Petersen regresó a Hamburgo cinco años después y comenzó a fotografiar a estos personajes, iniciando su primer trabajo de autor, que con los años se convertiría en el más significativo y una obra clásica de su género. “Era la una de la mañana y yo estaba esperando a una amiga en el Café. El lugar estaba lleno de gente y no estaba sonando buena música. Un hombre se acercó a mí y me preguntó por mi cámara, que estaba sobre la mesa. Era una Nikon F y yo le dije que era buena. Él dijo ‘Yo tengo una mejor’. Levantamos nuestras cervezas y brindamos por ellas. Entonces nos pusimos a bailar con algunas damas. De repente, me di cuenta de que un grupo de personas habían cogido mi cámara y estaban sacándose fotos unos a otros. Me acerqué y les dije: ‘Por favor, sacadme una a mí porque es mi cámara’. ‘Vale’, dijeron, y me la devolvieron. Así que me saqué algunas fotos – y así fue como empecé a fotografiar en el Cafe Lehmitz”, explica Petersen.

Entre 1968 y 1970 retrató con una gran humanidad y cercanía a los habituales del local, fotografías “hechas con el corazón”, describe el propio autor, que, solo al final, al revisar los negativos, pasaban por su capacidad de análisis. Un retrato alejado de la compasión o la repulsa, que recrea el calor y la camaradería que se respiraba en el café en aquellos años. En sus imágenes el fotógrafo quiso retratar la “dignidad humana” que sentía como algo tangible entre los clientes del café. Asimismo, quiso mostrar las consecuencias de un sistema basado únicamente en el dinero, en el que las desigualdades crearon una clase de habitantes de segunda condenados al desahucio social. “Sabía que tenía que quedarme entre esas cuatro paredes y fotografiar a la gente. Sentí que el Lehmitz era un lugar único, un sitio de encuentro para débiles que se ofrecían mutuamente simpatía y comprensión, pero al mismo tiempo era el final del trayecto”, explica el autor.

En 1970 Petersen realizó su primera exposición individual en el propio Café con alrededor de 350 fotografías. La obra le procuró proyección internacional y definiría el estilo y trabajos posteriores de uno de los fotógrafos europeos más reconocidos por su forma personal, directa y sincera de acercarse a los sujetos y a las situaciones que retrata. Tras la publicación en 1978 del libro del mismo nombre, hoy icono de la historia de la fotografía, PHotoESPAÑA muestra ahora la totalidad del trabajo de Petersen en el café– los contactos, las historias, las relaciones–, permitiendo al espectador aproximarse más aún a su experiencia, a su  aventura en ese universo extraordinario. Una oportunidad de vivir desde dentro una noche en el Café Lehmitz. El Lehmitz ya no existe, pero ese mundo distinto, ese entorno considerado asocial, revela aquí y ahora de nuevo toda su cohesión y su dignidad.

“Café Lehmitz es una obra generosa de humanidad compartida, un trabajo inolvidable, hasta provocar las lágrimas”, explica García-Alix. “La ópera prima de Anders Petersen, posee magia. Nos atrapa desde que traspasamos la puerta. Nos hipnotiza. La atmósfera es soberana. Anders se adueña del aire. Nos sumerge en vida. Mirada y latido de antropólogo, de naturalista. No juzga. Ni pone a su mirada pretenciosidad, ni artificio. La noche y su viaje. […] No es un cínico. Los quiere, es cómplice. Brinda y baila con ellos. Nos arrastra a seguirlos. Terminamos por conocerlos. Su fotografía les alienta a ser. Él ama a los que nunca se muestran. Los invisibles.[…] Los iguales comparten noche y templo. Son penitentes. Los del flagelo y la alegría. Soledad y fracaso. Sublimidad…[…]“.

La muestra está comisariada por Nicolás Combarro y cuenta con la colaboración de la Embajada de Suecia en España.

Sobre Anders Petersen

Nacido en 1944 en Estocolmo, Anders Petersen es uno de los fotógrafos europeos más destacados del panorama internacional. Creador de imágenes tan crudas como emocionantes, el retrato del ambiente noctámbulo y canalla del Café Lehmitz a finales de los setenta le convirtió en un clásico de la fotografía, con una gran influencia en multitud de autores. Posteriormente, Anders Petersen ha publicado una treintena de libros más, siempre retratando personajes y situaciones al límite, en las que inevitablemente se inmiscuye y de las que extrae imágenes tan rotundas como tiernas. Con un uso muy personal de la oscuridad y del blanco y negro, Petersen pasea su objetivo por los límites de la sociedad, los personajes al borde del abismo y las situaciones al margen de la ley. Por aquellos mundos a los que la sociedad no suele mirar y en los que él encuentra belleza.

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